9.30.2009

JOSE

"El trapecista transparente
se ha enfundado su traje de cristal
con sus lentejuelas de agua
y su capa de papel celofán"
Walden dos, El trapecista transparente*



Este chico, desde la primera vez que lo vi, me conmueve profundamente. Su mirada, su aspecto, sus palabras. "Tengo una inteligencia límite. Limitada". No se. Es que me deja sin palabras.

*Walden dos ha sido seleccionado entre los 50 finalistas del concurso de maquetas de Heineken. Si sabes lo que es bueno, deberías votarles aqui.

9.23.2009

SÁLVORA Y SAN VICENTE


"Rozaste mi día con dedos de aguja,
con hebras de hilo, con veranos muertos.
Y en ese día, tus historias grises y ciegas
me enseñaron que cada segundo es una astilla"
Celesta, Maga

La conocimos hace sólo un mes, mientras nos comíamos un arroz con bogavante frente a la isla de Sálvora, y desde entonces me sigue a todas partes. Si me siento en el sofá y me vuelvo a levantar porque se me ha olvidado el mechero, ahí está ella detrás de mi, aunque dos segundos antes estuviera roncando. Ella es así, me sigue con las patitas o con la mirada, se asegura de no perderme de vista.
Supongo que ya le pasó una vez, que perdió de vista a su dueño y no lo volvió a ver más. Y no quiere que le pase de nuevo. No me extraña.

Después de muchas vueltas, después de meditar si realmente puedo quedármela o no, de querer quedármela y de saber que no es posible, después de llevarla a todos los sitios para que la conozca mi gente, y se la quede alguno de ellos y así yo pueda verla siempre que quiera, no ha habido suerte. Se irá seguramente con unos desconocidos (conocidos de alguien), que me aseguran que la cuidarán bien. No estoy segura. Nadie la va a cuidar tan bien como yo.
Pero se que es lo mejor para las dos.
Por eso no dejo de llorar cuando la acaricio, mientras ella me lame las manos.

6.24.2009

CRÓNICA DE UNA CACHARELA

Cuando me bajo del autobús ya huele a humo y cenizas. Avanzo un poco y el olor es el inconfundible: sardinas.
Cuánto había echado de menos en Madrid las noches de San Juan.
No obstante, las colas para las sardinas que regalan en cada hoguera son tan largas que nos metemos en un bar a tomarnos un sandwich.
Con las pilas cargadas y muchas ganas de ver el fuego, llegamos a una hoguera masificada e intentamos ver la hoguera entre las cabezas y los hombros del personal. Vemos como un grupo de adolescentes saltan una y otra vez el fuego. Es algo primitivo, algo ancestral, el hombres saltando encima de las llamas y el humo para purificarse.
Hablamos de las hogueras de Coruña, de Vigo, del Grove. Hogueras junto al mar. Mar y fuego, lo más poético del mundo.
Llegamos a una hoguera mucho más asequible, donde podemos sentarnos a observar las llamas, sin coches, sin tantas aglomeraciones. Es que no regalan sardinas. La gente está charlando, bebiendo o mirando el fuego, que está bastante alto. Los primeros valientes empiezan a saltar. Uno no salta suficientemente alto y atraviesa el fuego. Se ha quemado hasta las pestañas el pobre. El resto hacen lo propio, los gallos del corral saltando una vez detrás de otra. Unos dicen que son tres veces, otros que son nueve.
Mi amiga Ana se entera de que lo que hay que quemar en la hoguera son las cosas malas, las cosas que no quieres que vuelvan, las cosas que quieres que se vayan. Ella lleva varios años quemando su oposición. Y así nos va, claro.
Quedamos en hacer nuestra propia hoguera cada una en su casa, para exorcizar nuestros propios demonios en un cenicero. A mi se me olvida cuando llego a casa. Tengo sueño porque mi vecino no me deja dormir por las noches con sus conciertos a partir de la una de la mañana.
No he quemado nada este año. Pero me siento purificada.
Por fin vuelvo a vivir las hogueras de San Juan.

6.04.2009

IMAGINO

"No me digas nada
por que escucharé
mis propias palabras
y el espejo tendré que romper"
Sidonie, Fascinado

Esta es una mañana húmeda y fresca, y huele a flores. En serio. Si inspiras profundamente, huele a flores. No sé a que flores. No me sé los nombres de casi ninguna.
Anoche, intentando dormir en un avión sin conseguirlo, me imaginé que Haruki Murakami y Paul Auster eran amigos. Intenté imaginar de qué hablarían. Me imaginé también que los personajes de sus novelas eran amigos, y sus conversaciones eran mucho mejores que las de los escritores. Si se llegaran a conocer, serían amigos seguro, los chicos perdidos de Murakami y los hombres perdidos de Auster.
Delante de mi había un hombre al que, si colocaba mi cabeza en una determinada posición, sólo se le veía el perfil de la frente y del pelo. Y era igual que el tuyo. Así que también me imaginé que eras tú. Y me divertí imaginando todo el viaje.
Ayer estaba un poco cansada y un poco melancólica. Siempre me da pena verte y pensar que tú ya no puedes ser tú conmigo.

5.28.2009

YO TAMBIÉN VEO PERDIDOS

Para mancius, con cariño.

La verdad es que empecé tarde. Durante algún tiempo, a pesar de ocupar mucho de mi tiempo de ocio viendo las mejores series americanas del momento (Weeds, Mad Men, How I Met Your Mother, The Office, Entourage, Dexter, etc.) y algunas inglesas (Misstresses, The IT Crowd, Coupling, etc), quedando con mis amigas para trapichear con los discos duros y los subtítulos y para comentar lo mejorcito y lo peorcito y hacernos toda clase de recomendaciones, no le había hincado el diente a Lost. Me parecía una serie de esas en las que te enredan para nada, estilo la segunda mitad de Twin Peaks, y veía a la gente tan enganchada que no me apetecía sentir que me tomaban el pelo. Y ellas me decían, con mirada soñadora, "¡Qué envidia poder ver Lost por primera vez! ¡Qué envidia no saber nada!"

Mi desemigración y algunas otras cosas más, trajeron consigo un cambio en las rutinas bastante importante, y, lo reconozco, una necesidad imperiosa de huir un poco de la realidad. El momento perfecto para ver esos archivos que tenía en mi ordenador guardados a modo de regalo de despedida madrileño.
Fue en Semana Santa, en casa de mi madre, a las nueve de la noche y pensando en qué hacer. Dije, anda, pues voy a ver un poco de Perdidos.
Un poco.
Ja.
A las cuatro y media de la mañana me fui a dormir y a partir de esa noche, casi todas las noches que siguieron soñé con Jack, con Kate, con Hurley y cuando era muy afortunada, con Sawyer. Me metí el atracón de Lost más brutal que me puedo imaginar. Y me gustó. Al final sin criterio ni nada, como una yonki, me gustaron todas las temporadas y hablé sola en el sofá y en mi cama con frases como "no me lo puedo creer" o "estás de coña" o "qué????".

Para este final de la quinta temporada, después de haber hecho los deberes a costa de mi descanso, mis amigas tuvieron a bien venirse a verme un fin de semana, que justo coincidió con la emisión del último capítulo de la quinta temporada (los dos últimos). La sexta será la última, por lo que estamos acercándonos al final, después de haber dado muchos giros al asunto.
Así que todas en mi casa nos pasamos dos horitas de season finale y otras dos de discusiones y de dale patrás y de dale palante y de ¿no ves como..? y de yo creo qué. Maravilloso y divertidísimo.

Ahí me di cuenta de que verlos todos seguidos tiene sus cosas buenas (sobre todo memoria fresca para enlazar cosas), pero me he perdido cuatro season finale como esta quinta. Y eso es una penita también.
Así que, como Lost termina en el año 2010, es decir, en la próxima temporada, ya tengo más o menos previsto cuando voy a cogerme las vacaciones en el año 2010. Porque esta serie es mucho mejor con amigos.

Os dejo el enlace al blog de Espoiler, donde Casciari expresa de forma muy aproximada, lo que significa ver el capítulo de fin de temporada de Lost. Está aqui.

5.09.2009

OTRO ABRIL

"Lo guardaba en el cajón
donde guardo el corazón"
Quien me ha robado el mes de abril, Joaquin Sabina.



Este año se me pasó abril sin darme cuenta. Me entristeció cuando me paré a pensar en el día que estaba, y fué ahí cuando comprendí que este abril se me había escapado. Los demás piensan que está bien, que es bueno para mi no haberme dado cuenta ese día, sino alguno más tarde. Que es una buena señal. A mi me entristece.
A veces pienso que hay una risa que tú te llevaste.
Y que ya no la tengo.

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